Soy un ave
una especie milenaria y exótica
oteando el horizonte de los sueños…
Mi cuerpecillo está recubierto de un plumaje colorido y brillante y mis alas desplegadas un espectro iridiscente en abanico.
Sobrevolé la simiente misma de la raza, al original momento me transporté donde el deseo cósmico latía y dormía en anhelo la Creación.
Ingrávida, impasible, perfecta me desplazo hacia los confines de lo terreno reconociendo lo inconmensurable a cada paso, en cada raudo vuelo.
Voy dejando atrás paisajes yermos y me sumerjo en la matriz palpitante de la raza. Asisto al parto. Al soplo vital de la primera criatura. A su bautismo celestial como heredero de la Tierra y como portador de la llama viva de la generación. Contemplo los latidos posteriores al primogénito, su descendencia.
Reconozco los rostros, la semejanza humana. Los veo crecer, avanzar, multiplicarse. Crear, progresar, autorrealizarse. Abrirse a la trascendencia. Me maravillo con su legado. Admiro su evolución. Registro todos los acontecimientos de la historia, sus aciertos y desaciertos.
Cambio, ahora, la perspectiva, la mirada hacia lo latente, la oportunidad, el horizonte, el futuro y me preparo para un nuevo viaje, una nueva historia, el nacimiento de una nueva raza en pos de su perfeccionamiento.
Aguardo ansiosa la nueva partida y sigilosamente repito mi lema:
Soy un ave
una especie milenaria y exótica
oteando el horizonte de los sueños…
María Eugenia.- |